
Los cuatro birdies del final y la diferencia de dos golpes con la que se coronó Charl Schwartzel no alcanzan a dar ni siquiera una remota idea de lo que fue una de las últimas rondas más espectaculares, no sólo del Masters, sino de los últimos Majors de los últimos 20 años.
La solvencia y la tranquilidad con la que resolvió los últimos cuatro putts que jugó el sudafricano fueron extraños a una ronda en donde el nerviosismo, los altibajos y los cambios constantes fueron la moneda corriente. ¿Qué le falta a Augusta National para ser perfecto? Casi nada. La tarde de hoy tuvo todos los ingredientes para disfrutar de un espectacular evento deportivo, incluso para aquellos que no son tan fanáticos de nuestro deporte.
Es que hubo de todo y para todos los gustos. Las ovaciones se escuchaban por toda la cancha y en todo momento de fondo se alcanzaba a oir ese rugido que presagiaba que algo impactante había sucedido. Tiger Woods abrió con un par de birdies y parecía que se acercaba, pero Schwartzel lo desafió embocando un chip con el hierro 6 en el 1, y luego de 114 yardas para águila en un par 4, para enloquecer al público.
A todo esto, ya de entrada Rory McIlroy comenzó a mostrar el tembladeral que era su cabeza, haciendo bogey del medio del fairway, con tres putts al hoyo 1. Ángel Cabrera que jugaba junto a él parecía querer aprovechar esta circunstancia y con el birdie en el 2 ya se amontonaba en el pelotón que ya integraba Schwartzel.
Pero de pronto el ruido comenzó a ser mayor. Vestido de rojo y negro, como siempre, Tiger Woods volvía a hacer de las suyas. Birdies en el 6 y 7, para luego sacar de la galera una madera 3 espectacular en el 8 para dejarla a 2 metros para águila, que no iba a desaprovechar. El estruendo inundó cada uno de los hoyos de Augusta National, era oficial Tiger estaba listo para dar el zarpazo.
Con McIlroy inestable y ya sin control de sus emociones, más un montón de jugadores sin experiencia en ganar Majors, salvo el Pato, parecía que Tiger volvía a la carga, más cuando salvó un par tremendo en el hoyo 9. Hasta él mismo se debe haber sorprendido de haber alcanzado tan rápido a los punteros, y sin duda le debe haber jugado en contra para lo que quedaba de la vuelta.
Cabrera, Tiger, Schwartzel, Choi, Day eran los nombres que se presentaban en la cima, aunque fuera durante un tiempo. Más abajo insinuaban Adam Scott, Luke Donald y más tarde Geoff Ogilvy. Pero nadie quería quedarse con la “sortija” en esta calesita de punteros.
Como dicen todos el Masters no arranca hasta los últimos 9 hoyos del domingo, pero para McIlroy allí se terminó su sueño por la Chaqueta Verde. Un triple bogey, pegándole a cuanto árbol había dando vuelta en ese hoyo 10 lo terminó destruyendo mentalmente, a un chico de un swing envidiable, y que seguramente alguna vez ganará un torneo importante, pero que esta tarde no supo o no pudo controlar la presión de salir con 4 golpes de ventaja.
Casi al mismo instante, Tiger hacía 3 putts al 12 y no bajaba el hoyo 13 (el más fácil de la cancha) y sentía que el torneo se le escurría por los dedos. Jason Day comenzaba a embocar de nuevo, Adam Scott le sacaba brillo a los greens con esa “escoba”, para trepar a puro birdie y Schwartzel agazapado hacía pares esperando su chance.
Al igual que Tiger, Cabrera se fue con bogey al 12 y no bajó el 13 y allí también dejó escapar la chance de su segundo título en Augusta. Esta vez el Pato no estuvo tan “fino” sobre el green y desperdició algunas oportunidades factibles, como la del 5, 9 o 14 y cuando bajó el par 5 del 15 ya los punteros estaban lejos. De todas maneras el cordobés cumplió una gran actuación, teniendo en cuenta lo que había sido su temporada 2011, y demostró que hay mucho golf todavía para dar.
Lo mejor estaba por venir. Entre tanto nombre amontonado, de pronto Adam Scott asomó un poco la cabeza con birdies al 15 y 16 (dada) y con un par espectacular en el 17. Allí, los australianos se ilusionaban con su compatriota y la posibilidad de vestir por primera vez el Saco Verde, luego de tantas frustraciones con Greg Norman. Pero a los aplausos por el putt de Scott, le siguió otra ovación con el birdie de Schwartzel en el 16, para empatar la punta.
Donald también hizo delirar a la multitud con un chip en el 18, propio de su sello, para terminar con (-10), pero la lucha ya era entre Scott, Schwartzel y Day, que se prendió con un birdie impresionante en el 17. Los “aussies” jugaban juntos e iban por delante del flamante campeón. Cuando caminaban por el fairway del 18, otra explosión los detuvo. El sudafricano había embocado otro putt de 6 metros para birdie y ahora era Schwartzel el único dueño de la punta.
Ese fue el primer impacto, al instante vino el segundo.. cuando estaban por jugar sus putts respectivos, vieron caer la pelota de Schwartzel en medio del fairway. Sabían que habían dejado pasar la oportunidad. El sudafricano de 26 años no iba a soltar esa presa tan ansiada, desde aquellos años que practicaba junto a su padre George, en las afueras de Johannesburg.
Y para mostrar que tiene clase de campeón y que nadie le regaló nada, finalizó como correspondía, anotó su cuarto birdie consecutivo y esa sonrisa blanca brilló más que nunca. No sólo Gary Player, que ganó en Augusta hace 50 años, sino también Ernie Els, casi un padre adoptivo en Estados Unidos para Charl, festejaron por este nuevo sudafricano que se mete en la elite del golf. Nosotros nos fuimos felices también por semejante espectáculo.
Podrán hablar de la tradición del Abierto Británico, o de la exigencia del US Open, pero el Masters de Augusta es algo único…y falta un año para el próximo!!!??
Pd: Creo que el Masters dejó mucho que comentar, ojalá lo podamos aprovechar sin caer en agresiones a los que no piensan como nosotros. Para mañana más de Schwartzel, McIlroy, Tiger, Cabrera…etc..para seguir analizando el mejor torneo de los últimos años.